Nuestra Historia


Historia del Ministerio Internacional El Rey Jesús

“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó…”. -Deuteronomio 7.6-8

El llamado de Dios para el pastor Maldonado

La base fundamental del Ministerio Internacional El Rey Jesús, está compuesta por: la palabra de Dios, la oración y la adoración. Precisamente, en oración y con la confirmación del apóstol Ronald Short y de varios apóstoles y profetas más, a quienes honramos por su sabiduría y consejo, el Apóstol Guillermo Maldonado recibió el llamado de Dios para comenzar la obra, cuya magnitud, ni aun él alcanzaba a imaginar. Aunque las personas, con las que contaba para empezar, eran sólo 12, ya Dios había sembrado, en su corazón, la visión de multitudes y naciones. En junio del año 1996, el Dr. Guillermo Maldonado, junto a su esposa, la Profeta Ana Maldonado, comenzaron a reunirse, con este pequeño grupo, en la sala de su casa; y allí comenzó a girar la primera rueda para el crecimiento de la visión. Aquellos comienzos son testimonio de que Dios da los sueños; pero depende de nuestra disciplina, constancia y perseverancia que podamos alcanzarlos.

Desde el inicio de su ministerio, con esfuerzo y sacrificio, el Apóstol Guillermo y la Profeta Ana Maldonado, pusieron todo a un lado; y pagaron el precio con su dinero, su tiempo, su hogar y sus hijos. Los dos oraban, fielmente, buscando la guía del Espíritu Santo, mientras atendían su hogar, sus trabajos y comenzaban a llevar un pueblo a su destino.

El Primer local en la calle 40

En poco tiempo, empezaron a verse los frutos; en tres meses, pasaron de 12 a 40 personas, las cuales ya no cabían en la sala de la casa. Entonces, dando un paso de fe, se mudaron a un local del suroeste de Miami, localizado en la Avenida 84 y la Calle 40. La oposición era fuerte, pero, cuanto mayor era la dificultad, más crecían la fe y la membresía; y de igual manera, crecían aquellos centinelas fieles y leales que hasta hoy nos acompañan.

La transición

Con el crecimiento de la iglesia, este local también quedó pequeño y tuvimos que ampliarlo. Con 150 personas, y las remodelaciones del local en pleno proceso, tuvimos que mudarnos a un banquet hall; ya que las disposiciones de la ciudad no nos permitían remodelar y reunirnos al mismo tiempo. Esto es importante mencionarlo, porque queremos que sirva de testimonio para aquellos que se dan por vencidos ante las dificultades que se levantan. No importa los obstáculos que se presenten en nuestro camino, si Dios nos da una visión y una meta claras, debemos hacer los ajustes necesarios, pero nunca desenfocarnos del objetivo que queremos alcanzar.

El banquet hall se convirtió en una etapa de transición en la que fuimos probados y entrenados; pues, aunque todavía no lo sabíamos, poco faltaba para una nueva mudanza. Cada día la unción de Dios era más grande, lo cual nos retaba a buscar más de Él y a cuidar a un pueblo sediento de las nuevas manifestaciones de su Padre celestial.

La explosión de crecimiento

Efectivamente, el local remodelado, con capacidad para 250, quedó chico en poco tiempo, porque las almas se seguían sumando. A mediados del año 1997, ya eran más de 260 los miembros activos de la iglesia. Sólo un año más tarde, la membresía era ya de 650 personas; ni siquiera cuatro servicios por domingo eran suficientes para atender las necesidades espirituales de un pueblo que crecía sin cesar. Pasó un año y medio, y en junio de 1999, la Profeta Cindy Jacobs, en un servicio para pastores y ministros en la iglesia La Catedral del Pueblo, profetizó sobre el Apóstol Guillermo Maldonado. Le dijo que Dios le daría una sinagoga judía, la cual se llenaría de personas inconversas que recibirían al Señor allí. Acto seguido, fuimos a ver una sinagoga que estaba ubicada en 9353 SW 152 Avenue, en la ciudad de Kendall; allí declaramos la palabra de Dios, y lo que la planta de nuestros pies pisó, fue nuestro.

El segundo local en Kendall

El 10 de diciembre de 1999, compramos una sinagoga con capacidad para 1.500 personas, a un costo de 3 millones de dólares. Todavía estábamos disfrutando de un logro tan grande e impensado para nosotros, cuando, en diciembre de 2000, la Profeta Cathy Lechner le profetizó al Dr. Guillermo Maldonado que Dios le daría una parcela de tierra cerca de la entrada de la ciudad; esto es la zona del Aeropuerto Tamiami. Él, junto a su esposa y algunos de sus líderes, comenzó a buscar esta parcela de tierra, según la descripción que le habían dado ésta y otros profetas. Fue así, como, finalmente, encontró un terreno grande, con un lago hecho por hombres en la parte de atrás, justo al frente del aeropuerto, a la entrada de la ciudad. Al entrevistarse con el dueño de la propiedad, el pastor se encontró con que, desde hacía 20 años, estaba tratando de venderla, y a pesar de ser ésta una propiedad de primera, en seis ocasiones, había fracasado en su intento. Esto significaba que El Rey Jesús venía a ser el comprador número siete, el cual es el número perfecto o el número de Dios. En ese momento, adquirimos esta propiedad en 2.8 millones de dólares. Hoy, seis años y medio más tarde, su valor asciende a ocho veces más de lo que nos costó.

Construcción del templo en Tamiami

En octubre de 2001, una vez más, la Profeta Cathy Lechner trajo palabra profética de parte de Dios para el Apóstol Guillermo Maldonado. Le dijo que debía comenzar a construir, con la instrucción específica de parte de Dios, de no pedir dinero prestado al banco, sino de construir sin deudas. El 1ro de junio de 2004, comenzamos la aventura de fe; pues, las profecías nos apoyaban y el crecimiento del pueblo hacía, cada vez más inminente, la transición al siguiente nivel. Llegaron a un punto tal de crecimiento que ni con seis servicios generales y uno para jóvenes, podíamos albergar a las más de 8.000 personas que llegaban, semanalmente, a nuestra iglesia. Cientos de personas, cada jueves y cada domingo, se iban de la entrada del estacionamiento por la imposibilidad de acomodar sus vehículos, o por no tener más lugar para recibirlos en el salón principal o en los salones extra.

En ese tiempo, el Señor le dio, al Apóstol Guillermo Maldonado, un versículo bíblico para que basara su fe para la edificación del templo en efectivo. Este pasaje de la palabra de Dios es el que lo ha sostenido a través de todo el proceso de construcción; el pastor lo ha confesado y ha actuado en base al mismo. Y Dios lo ha respaldado grandemente.

“Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó…”. 1 Reyes 17.16

Conforme a la palabra de Dios

El costo de la construcción, en ese momento, según el banco, era de 15 millones de dólares. Dos años han pasado… el templo de los sueños de Dios, hoy es una realidad. Edificamos en efectivo, completamente libres de deuda; pues todo el dinero fue provisto por Dios para la edificación de su casa. Cada vez que tuvimos que hacer un cheque, el dinero no escaseó; cada vez que tuvimos que pagar una cuenta, el apoyo del pueblo no menguó. Milagrosamente, fuimos pagando cada una de las cuentas, pues Dios es un Dios de pactos y ha cumplido, fielmente, su promesa.

A medida que el ministerio crecía y se organizaba, empezamos también a tomar la ciudad, abriendo varias iglesias-hijas. Con esto, se da paso al cumplimiento del llamado de los hijos espirituales, en quienes se han creído y sembrado.

Un sueño hecho realidad

Cada sanidad, cada testimonio de salud, finanzas, y hogares restaurados, es un sueño hecho realidad.

Mientras cada departamento se iba fortaleciendo y nuestra membresía seguía creciendo, la edificación comenzó a dibujarse como un milagro patente ante nuestros ojos. Humanamente, era una locura edificar sin deuda; pero, cuando Dios habla, confirma y respalda, el hombre de Dios simplemente obedece y actúa. Cuando ya estaba todo listo para obtener el préstamo del banco, el apóstol Maldonado escuchó la voz de Dios y, en obediencia, detuvo los trámites del préstamo y se atrevió a edificar sin deuda. Han pasado cuatro años y medio desde que se compró el terreno, y dos desde que se comenzó la construcción. Nuestra fe fue probada, pero salimos victoriosos; porque el pueblo sembró y ha sido bendecido, la provisión llegó y el Señor cumplió lo que nos prometió.

¡Bendecidos son quienes sembraron, pactaron y ofrendaron para la construcción del templo; serán recompensados al 100 %, pues ésta es tierra buena y fértil!

La casa de Dios: 100.000 pies cuadrados de construcción, con capacidad para 7.000 personas, a un costo final de más de 18 millones de dólares; la cual, al terminarse, tendrá un precio de mercado superior a los 30 millones de dólares. Éste será un templo de oración y un tabernáculo de adoración; un oasis en medio de la ciudad, sostenido por la gloria de Dios, donde se vivirán experiencias maravillosas con la presencia manifestada de un Dios real. Pero éste es solamente el comienzo de lo que Dios está haciendo entre nosotros; pues, muy pronto, nos embarcaremos en un nuevo y más grande sueño: edificar un estadio o ‘arena’ para veinte mil personas…

En este momento tan especial de nuestra historia, queremos honrarlos y decirles: ¡Gracias por cada momento en el que su apoyo nos dio la fuerza y la alegría de saber que el esfuerzo no era en vano! Hoy también honramos a aquellos que han entendido el principio de la honra, la sumisión y la cobertura, y han arrebatado su herencia a pesar de los obstáculos; manteniéndose firmes y fieles en medio de las tormentas.